Encuentro
Todo ha sido una aventura: conocerte; hablar contigo de la forma como lo hicimos: horas y horas descubriendo nuestros secretos, nuestras historias, nuestras pequeñas crueldades, nuestros sacrificios, nuestros bellos y malos gestos. Con que sencillez nos contamos todo y con que maravilloso cariño nos aceptamos! Un cariño en el fondo, del cual nunca hablamos, para no enturbiarlo y para que no comenzaran los problemas. Esos terribles problemas donde nos convertimos en seres absorbentes, celosos, dominadores, egoístas, nerviosos, desequilibrados. No. Nada de eso. Es una maravillosa confianza.
Lo mas parecido a una amistad, pero mas grande que una amistad, esta allí. Todavía vive. Sabemos que esta allí. Pero callamos. Nos hacemos los locos, los niños distraídos. No queremos transformarla en otra cosa sino que la aceptamos como lo que es. No quiero caer en el convencionalismo de decir que me sentía feliz, pero es algo así. Respiraba mejor en esta dulce y hoy melancólica relación entre tu y yo. Me sentía mas fuerte y ello era necesario para poder ayudarte, en mil sentidos. Pero me hice fuerte por que sabia que tu también eras fuerte. No seria esto lo maravilloso? La unión de dos fuertes ternuras que se descubrieron y se sorprendieron de poder entenderse de una manera sencilla y a la vez emocionante. Esta es otra de las cosas que nos sostuvo. La emoción! La emoción de dos inteligencias jugando una con la otra pero también completándose. La emoción de saber que nos comportábamos como seres racionales (emotivos, pero racionales) y que no estábamos haciendo lo que el resto de la gente: llenando las relaciones intimas de sensiblerías melodramáticas, de gestos grandilocuentes. No! Que bien lo hicimos! Era muy probable que fallara. No sabíamos por que. O por lo menos no quisimos pensar en ello. En ese momento era excitante y eso era lo que tenia importancia.
Deje de lado las preguntas. Preguntas que me hago ahora que no estas. Preguntas que reposan en mi almohada y se despiertan como víboras para no dejarme dormir. Preguntas que también me hice frente a ti, pero en silencio, por que ni tu ni yo hemos querido escucharlas en voz alta.
Tengo la sensación de que nos perdimos de algo.
Lo mas parecido a una amistad, pero mas grande que una amistad, esta allí. Todavía vive. Sabemos que esta allí. Pero callamos. Nos hacemos los locos, los niños distraídos. No queremos transformarla en otra cosa sino que la aceptamos como lo que es. No quiero caer en el convencionalismo de decir que me sentía feliz, pero es algo así. Respiraba mejor en esta dulce y hoy melancólica relación entre tu y yo. Me sentía mas fuerte y ello era necesario para poder ayudarte, en mil sentidos. Pero me hice fuerte por que sabia que tu también eras fuerte. No seria esto lo maravilloso? La unión de dos fuertes ternuras que se descubrieron y se sorprendieron de poder entenderse de una manera sencilla y a la vez emocionante. Esta es otra de las cosas que nos sostuvo. La emoción! La emoción de dos inteligencias jugando una con la otra pero también completándose. La emoción de saber que nos comportábamos como seres racionales (emotivos, pero racionales) y que no estábamos haciendo lo que el resto de la gente: llenando las relaciones intimas de sensiblerías melodramáticas, de gestos grandilocuentes. No! Que bien lo hicimos! Era muy probable que fallara. No sabíamos por que. O por lo menos no quisimos pensar en ello. En ese momento era excitante y eso era lo que tenia importancia.
Deje de lado las preguntas. Preguntas que me hago ahora que no estas. Preguntas que reposan en mi almohada y se despiertan como víboras para no dejarme dormir. Preguntas que también me hice frente a ti, pero en silencio, por que ni tu ni yo hemos querido escucharlas en voz alta.
Tengo la sensación de que nos perdimos de algo.


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